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Casa Torre de los Alzola, SXV

Torrekoa se encuentra en el centro de la villa, en la plaza Kalebarren. Primero fue torre de Ronda, a finales del siglo XV se le denominó casa torre de Arriola, y a finales del siglo XVI de los Altzola.

Desde el punto de vista arquitectónico esta casa torre es un edificio noble, señorial y elegante, que en 1964 fue declarado monumento histórico-artístico de Gipuzkoa y, por decreto del 10 de noviembre de 1980, del Estado. Asimismo, el Gobierno Vasco por orden del 6 de abril de 1998, el Casco Histórico donde se encuentra ubicado este edificio, fue inscrito como Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, en el Inventario General de Patrimonio Cultural Vasco.

Destacaría los siguientes elementos arquitectónicos de este hermoso edificio: el orden de ventanas y balcones en las cuatro fachadas; el arco de medio punto de tipo renacentista, aunque más tardío, en la fachada principal; el arco rebajado del sótano y los dos arcos geminados de los pisos superiores, en la fachada este; el arco ciego y las cuatro modillones salientes, en la fachada norte; el amplio alero de madera, la cornisa decorada a base de pequeños prismas de piedra y el entramado de madera que tiene encima; cubos y garitones en las cuatro esquinas debajo de la cornisa; el escudo de armas (instalación promovida por el capitán Bartolomé de Altzola en 1604) y el reloj de sol que se encuentran en la esquina derecha de la fachada principal.

El hecho de estar situada esta casa en el núcleo urbano, ha hecho posible que ofreciera a la villa una serie de servicios en épocas diferentes: casa de los franciscanos en 1516 antes de construir el ya desaparecido convento de San Francisco, reuniones de urgencia en momentos angustiosos (en 1560, por haberse quemado la Casa Consistorial, con el fin de elegir el alcalde y los regidores), cuartel militar (en 1823 los liberales la fortificaron, ante los ataques de los absolutistas), escuela de La Salle a comienzos del siglo XX, correos, teléfono público, local de la banda de música etc. Hoy en día es la Casa de Cultura de la villa.La casa torre de Kalebarren tiene una historia larga y significativa, siendo, como es, anterior a la creación de la villa. Si bien, cuando se hizo la muralla (1346) quedó fuera de ella, en 1484, el Concejo, por una parte, y Juan Ochoa de Burunano, dueño de Torrekoa y su yerno, Rodrigo Gonzalez de Karkizano, por otra, llegaron a un acuerdo para que la casa se albergara localizara dentro del recinto amurallado. Hacia mediados del siglo XV, los nombrados Juan Ochoa de Burunano y Rodrigo de Karkizano fueron los primeros titulares que conocemos de esta casa. 

Sin embargo, estando esta casa torre tan cerca del murallón y del reloj público instalado por el Concejo, en varias ocasiones provocó las protestas de los moradores de esta residencia. Por ejemplo, el 29 de setiembre de 1589, el capitán Bartolomé de Altzola, comunicó al Ayuntamiento que el edificio que iban a construir para abrigar las pesas del reloj no respetaba el acuerdo de 1484. De la misma forma, el 13 de octubre de 1715, Maria Luisa de Arespacochaga Alzola, protestó al Concejo por la torrecilla del reloj recién construida, y la villa decidió acudir a los tribunales. Y, el 9 de mayo de 1844, Carmen de Jusue, viuda de Pedro de Iturria y dueña de esta casa torre de Kalebarren, exigió al Ayuntamiento que desmontara la “casuca pescadería”, por haberla construido en lugar no legítimo, pegante a la casa torre.

Gracias a las investigaciones realizadas por Javier Elorza, sabemos que el matrimonio formado por Rodrigo Gonzalez de Karkizano y Maria Fernandez de Burunano, vendieron los restos de la casa torre y el solar en 1487 a Pedro Miguelez de Arriola, y a continuación, Arriola construyó una casa torre nueva. Algunos elementos constructivos de esa época se pueden ver en la fachada este.

El escribano Lope Pérez de Lasalde casó con Maria Martinez de Arriola en la primera mitad del siglo XVI, y al no tener descendencia, adoptaron por hija a su sobrina Catalina de Ibarra, en Torrekoa. Catalina al casarse con Ascensio de Altzola en 1549, su tío Lope Pérez de Lasalde donó a los recién casados además de la casa torre todos sus bienes.

Catalina y Ascensio crearon mayorazgo en 1564 con los siguientes bienes: Torrekoa y su huerta; la capilla (de la Cruz) del monasterio de San Francisco, la casa de Andicano (Andikao), casería y molinos; la casa de Ermua bekoa (Ermube) (Sallobente-Ermuaran), tierras y molinos; la casa y casería de Otsaurteaga (Otsourteaga); la casa y molinos de Plaza (Mendaro); la casa, tierra y manzanal de Albitxuri (Albitzuri); y 225.000 maravedis puestos en las alcabalas (impuesto establecido al comercio) de la ciudad de Burgos. Sin lugar a duda, Ascensio y su hijo Bartolomé, fueron los titulares más conocidos de Torrekoa y los que más sobresalieron en los campos social y económico.

Casa Torre de los AltzolaAscensio de Altzola nació en el barrio Altzola de Elgoibar y desarrolló su actividad desde el puerto fluvial de este enclave, siendo uno de los hombres más señalados de la familia de mercaderes de los Altzola. Con el fin de desarrollar  el comercio a larga distancia tuvo tres galeones, de tal forma que tuvo relaciones comerciales no solamente con Euskal Herria sino también con Sevilla, Portugal, y con Honduras, México y Santo Domingo del continente americano. Para llevar a cabo estos negocios se asoció con mercaderes y banqueros de aquella época, tales como Pedro Durango, Martín Lizarraras y el italiano Gerónimo Catano. Ascensio además de ser mercader y capitán, fue alcalde en los años 1564 y 1565.

A modo de curiosidad, os diremos que el capitán Ascensio tuvo a su cargo un joven negro de nombre Antonio, posiblemente traído en uno de sus viajes comerciales. Los dos, amo y criado, juntamente con otros trescientos cuarenta y dos elgoibarreses estuvieron presentes en el puente mayor de la villa el 21 de setiembre de 1555, recibiendo al obispo de Calahorra y La Calzada Juan Bernal de Luco. En aquel entonces la parroquia de San Bartolomé de Olaso estaba bajo la jurisdicción de esa diócesis con sede en la Rioja y el eclesiástico acudía a realizar la habitual visita pastoral a nuestra villa.

Una vez fallecido Ascensio en 1572, su hijo Bartolomé continuó el camino legado por su padre, asociándose entre otros con el famoso mercader y militar Antonio de Okendo, en la última década del siglo XVI. Fue también alcalde de la villa, como su progenitor, durante los años 1589, 1590, 1601 y 1602. Una vez fallecido Bartolomé, se perdió el apellido Altzola en Torrekoa, siendo propietarios desde el siglo XVII al siglo XX, titulares apellidados Arriola, Arespacochaga, Lizaranzu, Josue e Iturria. Éste fue el patrimonio que tuvo esta familia, cuyo representante en 1812 era Liborio Josue: “la torre de Calebarren (cuartel de la tropa), la de Lizenciacua, la que vibe Ygnacio de Aguirre, la de Migel de Mendecute, la torre de Andicano, iden el Molino i la Barrena, Otsaurtiaga, Ercil, Albizcua Alzola, Yturrondo de iden, Malaga, Yraizabalcho, Goicoechea, Andicoechea, Yraeban, Garañocua o Capaguingoa, Sustaeta, Cortaberri, Molino Plaza, Ermuaran abajo, San Lorenzo y Eizaguirre”.

A comienzos del siglo XX el Ayuntamiento quiso comprar esta casa emblemática, ante la necesidad de locales, y consensuó su adquisición con el propietario de aquel momento, Manuel Iturria.

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Pórtico del cementerio de Olaso SXV

Es lo único que se conserva en la actualidad de la antigua iglesia San Bartolomé de Olaso. De portada ojival, ostenta una inscripción que revela el nombre del maestro Martín Sancho que la construyó y el año de 1459, en que fue erigida. Luce en su interior una hermosa puerta abocinada.

El arco de entrada dividido por un mantel está decorado en su apuntamiento por un ancho angrelado, muy común en las iglesias góticas de Bizkaia. En las grandes cabetas, entre archivoltas y bajo los doseles corren veinte estatuillas. El arco de entrada, de doble montura, forma tímpano, decorado por angrelado, pero cuya parte central no lleva, hoy, ningún trabajo de escultura. En fotografías más antiguas se advierte que pusieron allí una inscripción relacionada con la idea de la muerte y coronada por una calavera y dos tibias cruzadas. Esta inscripción no pudo ser originaria, sino de cuando se dedicó la portada a entrada del Cementerio. Es muy fácil que en sus orígenes tuviera unas historias bíblicas.

En un principio fueron seis las esculturas de santos representadas en las jambas, pero la última, a la derecha, falta. Las cinco restantes se refieren a San Pedro, San Pablo, San Bartolomé, San Juan Bautista y San Sebastián.

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Parroquia de San Bartolomé, S.XVIII

Esta parroquia, obra de Longa, Larraza y los Ibero, es de influencia de la arquitectura escurialense en la vascongada de los siglos XVII y XVIII. Su construcción duró 25 años, siendo inaugurada el año 1716.

Su torre barroca sobresale por su monumentalidad. El Altar Mayor, de proyección clásica con destellos barrocos, se debe al italiano Justiniani y al vasco Ugartemendia.

La advocación de la Parroquia es de San Bartolomé, cuya imagen realza el retablo, donde se puede ver claramente cómo le quitaron la piel al santo. Pero también ha sido considerado por Patrón San Antonio Abad, en cuyo honor, desde inmemorial tiempo, se han venido celebrando cultos religiosos. La imagen de este santo es probable que sea del célebre escultor donostiarra Arizmendi.

Después de 4 años de duros trabajos de restauración, en 1997 se reinauguró la parroquia.

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Convento de Santa Clara

santaklara1El edificio original fue fundado alrededor del año 1533 por María Ramos de Sarasua, viuda de Pedro González de Jausoro. La primera comunidad la formaron 3 monjas venidas del convento Bidaurreta de Oñate y 3 novicias de Elgoibar (María Gracia Sarasua, María Ibañez de Karkizano y Domenika Larreategi). Las monjas huyeron de la guerra en 1794 y 1937.

El año 1957 inauguraron la primera escuela religiosa femenina de Elgoibar, que mantuvo su actividad hasta 1973. El 18 de diciembre de 1976 se inauguró el nuevo convento, un edificio más moderno que el anterior, de distintas características y en el que actualmente viven una decena de monjas.

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Casa Consistorial S.XVIII

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Se construyó a raíz de un acuerdo del concejo tomado en el año 1734, en unos terrenos que poseía D. Simón de Muguruza, cerca de la Iglesia parroquial de San Bartolomé, en la entonces Plaza de Kalegoen. Forman un espléndido conjunto de plaza barroca limitada por la Iglesia parroquial, la Casa Capitular, un edificio de viviendas porticadas y un frontón cerrando el espacio hacia el río. El edificio barroco, de planta sensiblemente rectangular, responde perfectamente a la tipología de las Casas Capitulares Vascas. Es obra de los arquitectos Ibero. La planta baja abre los soportales a través de cinco arcos de medio punto, sobre los que se alzan el balcón principal y los laterales. En el centro se yergue el escudo de la villa bajo un tejadillo perpendicular a la fachada, que sobresale por encima del alar. Algunos adornos curvilíneos sobre los dinteles de los cinco vanos del primer piso destacan el carácter barroco de la construcción.

 

Respecto al blasón portador de los elementos heráldicos de Elgoibar, concedidos por los Reyes Católicos en 1498, está dividido en dos cuarteles. En el primero lleva un castillo almenado y en el segundo tres corazones tomados de la casa solar de Olaso que radicaba en su jurisdicción y era cabeza del bando gamboíno en toda Gipuzkoa. Sostienen el escudo dos leones rampantes, una gran cabeza de monstruo está representada en la parte inferior y un yelmo con penacho corona el conjunto. Todo enriquecido por abundantes elementos pertenecientes al mundo vegetal que se curvan sinuosamente, además de dos cañones que recuerdan sus gestas bélicas.

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Balneario de Altzola

Según cuenta una historia, en invierno, unos niños que se estaban bañando en el río Deba se dieron cuenta de que en el lado izquierdo del río el agua salía muy caliente. Sea esto cierto o no, en 1775 el doctor Francisco Platón envío una carta al Ayuntamiento diciendo que el agua que manaba de algún lugar concreto de Altzola era muy beneficioso para la salud y que encontrara el manantial como fuese.

En 1844, el alcalde Pedro Manuel Atristain registró las aguas calientes de Altzola, y tras derribar el caserío Etxezuria contruyó el balneario, que se inauguró en el año 1846 y tuvo mucha fama durante el S.XIX. Venía mucha gente del extranjero a beber las aguas termales de Altzola y a curar las enfermedades o, simplemente, a descansar.

Hoy en día Altzola es un barrio pequeño, pero el S.XIX era todo un punto de encuentro en el que llegó a haber hasta 10 hoteles y hostales: Larrañaga, Boulevard, Altzola, Zelaia, Albizkoa, Ituarte, Sebastiana, Leocadia, Juliana y Dolores. La gente que acudía al balneario era elegante y adinerada. Aunque hoy en día no funcione como balneario, las aguas de Altzola se comercializan y son muy preciadas.

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 Caserío Zabalatorre

  Está a las afueras del pueblo, sobre un altozano, en el barrio Arriaga, desde donde se domina el pequeño valle. En las cercanías se encuentra el caserío Apatrizbekoa y su molino de agua todavía en marcha. Es una Casa-Torre de planta cuadrada, tejado a dos aguas, altura de tres plantas y desván. Muros de mampostería y sillarejo, con esquinales y recercos en sillería. Conserva muchos elementos originales: Portadas en Arco Puntado, ventanales geminados, apuntados, saeteras, modillones y demás.

En el año 1451, este edificio pertenecía a Ibáñez Zabala. Este linaje que perdura hasta mediados del siglo XVI, contribuyó económicamente a la construcción del convento de San Francisco de Elgoibar, en el año 1516. En este mismo siglo, se unen las Casas de Zabale y Karkizao en un mismo mayorazgo al que, a través de los años, fueron añadiendo otras casas.

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 Ermita de Idotorbe (San Pedro)

  Pertenece a la Ermita de San Bartolomé de Elgoibar, Arciprestazgo de Eibar. Situada en las afueras del pueblo, en el barrio rural de su mismo nombre, en la cumbre del monte San Pedro, junto a Kalamua. Desde allí es posible divisar la eibarresa ermita de Ntra. Señora de Arrate, así como todos los montes que rodean nuestra villa, el centro de ella y el pórtico del cementerio de Olaso. Es una ermita de gran tamaño, de planta casi cuadrada, tejado a tres aguas, más tres aguas adicionales en la parte del ábside y de una sola nave, con muros de mampostería, con esquinales en algunos contrafuertes. Vano (hoy tapado) de primera puerta de arco de medio punto y una ventana de arco conopial.

La sillería de arco tapiado es en dovelas de grandes dimensiones, teniendo un nicho en la clave. Este arco da al pequeño porche de la torre del campanario, que aparenta ser más reciente. Tiene tres alturas y cuatro aguas, con una campana de volteo.Seguiremos por la carretera asfaltada y a unos 200 metros encontraremos la ermita. Adosados a la ermita hay dos pequeños frontones y junto a ella el caserío San Pedro, hoy restaurante. Enfrente se encuentra la campa de Idotorbe, dotada de mesas a la sombra de los árboles. En este lugar el Ayuntamiento ha colocado una serie de juegos para los más pequeños. También hay un carrejo para el arrastre de piedra y un bolatoki cubierto.

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Ermita de Azkue (San Roke)

En un principio fue conocida como la Ermita de San Vicente Azkue. Hasta que un año el municipio se vio asolado por una epidemia de peste y los ciudadanos se encomendaron a San Roke para hacerla desaparecer. Desde entonces, como el Santo consiguió llevar a buen puerto la tarea que le había sido encomendada, la ermita lleva su nombre.

En la punta de la ermita, sobre las campanas, se pueden apreciar las imágenes de dos boxeadores realizadas en hierro. Según parece, las imágenes fueron colocadas por los habitantes del barrio allá por el año 1971, en homenaje a Urtain, que visitó el barrio tras proclamarse campeón de Europa de Boxeo. 

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Ermita de Sallobente - Ermuaran

El aspecto que más destaca al acercarnos a esta bonita ermita situada en el barrio de Sallobente - Ermuaran lo constituyen unas pinturas medievales encontradas por casualidad en el año 1989. Por aquel entonces se iban a acometer diversas tareas de rehabilitación del interior de la ermita cuando, para sorpresa de propios y extraños, al retirar el retablo aparecieron unas pinturas medievales de gran valor.

Pueden contemplarse dentro de la Ermita de San Lorenzo pinturas de tres estilos diferentes: neoclásicas, de la época del Renacimiento y góticas. Todas ellas fueron convenientemente restauradas y desde el 27 de noviembre de 1996 están expuestas al público. En opinión de los expertos, las pinturas góticas son las de mayor antigüedad e importancia encontradas en Gipuzkoa después de las encontradas en las cuevas de Ekain y Altxerri.

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